El carácter ilegal de la marihuana en numerosos países no ha impedido que el cannabis sea la droga fiscalizada más consumida del mundo. Poco a poco, su situación ha comenzado a normalizarse y regularse en distintos territorios, con modelos diferentes para el uso medicinal o adulto, como los desarrollados en Uruguay, Canadá y algunos estados de Estados Unidos.
Este proceso ha contribuido a que también cambie la percepción social del cannabis. Sin embargo, su potencial adictivo sigue generando muchas dudas, especialmente cuando se compara con sustancias legales y de consumo habitual como el tabaco, el alcohol o el café.
¿Significa esto que el café es más adictivo que la marihuana? La respuesta no es tan sencilla. Al comparar cafeína y cannabis, se observa que ambas sustancias pueden generar dependencia y síntomas de abstinencia, pero sus riesgos, efectos y patrones de consumo son diferentes.
Por ello, no existe una clasificación científica universal que permita afirmar, sin matices, que una de estas sustancias es siempre más adictiva que la otra.
¿Qué porcentaje de consumidores desarrolla adicción?
Durante años se ha repetido que aproximadamente el 9 o 10 % de quienes prueban el cannabis desarrollan adicción a la marihuana. Esta cifra procede de investigaciones que analizaban la transición desde el consumo hasta la dependencia, pero no debe interpretarse como un porcentaje fijo aplicable a todas las personas.
Las estimaciones cambian según la definición utilizada, la frecuencia de consumo, la potencia del producto y la edad de inicio. Actualmente se emplea el término trastorno por consumo de cannabis, que engloba diferentes grados de dificultad para controlar su uso y continuar consumiéndolo a pesar de sus consecuencias.

El riesgo es mayor entre quienes empiezan durante la adolescencia y quienes consumen cannabis con frecuencia. Además, al interrumpir un consumo habitual pueden aparecer síntomas de abstinencia como irritabilidad, alteraciones del sueño, ansiedad, disminución del apetito o deseo intenso de volver a consumir.
Es una cifra muy baja comparada con los porcentajes de adicción de otras drogas, como por ejemplo la nicotina, con un 32% de personas que se enganchan a fumar o el alcohol, con un 15% de personas que acaban cayendo en sus redes.
La cafeína también puede producir dependencia física y síndrome de abstinencia. Una persona acostumbrada a tomar café diariamente puede experimentar dolor de cabeza, cansancio, somnolencia, irritabilidad o problemas de concentración cuando deja de consumirlo de forma repentina.
No obstante, experimentar abstinencia no equivale necesariamente a padecer una adicción. La adicción implica también pérdida de control, consumo compulsivo y continuidad a pesar de los daños ocasionados.
Por este motivo, cualquier comparación entre cafeína y cannabis basada únicamente en porcentajes de adicción puede ofrecer una imagen demasiado simplificada, especialmente si también se incluyen sustancias como la nicotina o el alcohol.
Por tanto, no puede asegurarse que el café sea más adictivo que la marihuana en todos los sentidos. Lo correcto es señalar que ambas sustancias pueden generar dependencia, aunque el cannabis presenta riesgos específicos que aumentan con el consumo frecuente, el inicio temprano y una mayor concentración de THC.
Cannabis, sistema nervioso y usos medicinales
Los cannabinoides actúan sobre el sistema endocannabinoide, una red de receptores y moléculas presentes en el organismo que participa en procesos como el apetito, el dolor, la memoria, el estado de ánimo y el sueño.
El THC es el principal cannabinoide responsable de los efectos psicoactivos del cannabis. El CBD, por su parte, no produce la misma intoxicación, aunque también interactúa con diferentes mecanismos del organismo. La respuesta puede variar considerablemente según la composición del producto, la dosis, la vía de administración y las características de cada persona.
Algunos medicamentos elaborados con cannabinoides se utilizan bajo supervisión médica para indicaciones concretas. Existe evidencia de utilidad para tratar determinados tipos de epilepsia y para aliviar síntomas como las náuseas y los vómitos provocados por la quimioterapia. También se investigan sus posibles aplicaciones frente al dolor y otros problemas de salud.
Sin embargo, esto no significa que el cannabis cure el cáncer. Los estudios realizados en células o animales han observado posibles efectos de ciertos cannabinoides sobre algunos procesos tumorales, pero no existe evidencia clínica suficiente para afirmar que el cannabis reduzca los tumores en personas.
En pacientes oncológicos, algunos cannabinoides pueden emplearse para ayudar a controlar síntomas relacionados con la enfermedad o con tratamientos agresivos, siempre bajo indicación profesional. No deben utilizarse como sustitutos de la cirugía, la quimioterapia, la radioterapia, la inmunoterapia ni de otros tratamientos prescritos.

En conclusión, el cannabis tiene un potencial terapéutico que continúa siendo objeto de investigación, pero también puede producir efectos adversos y trastorno por consumo. Del mismo modo, que el café sea una sustancia legal y cotidiana no significa que la cafeína sea completamente inocua. La comparación entre ambas requiere analizar el tipo de dependencia, la frecuencia de uso y las consecuencias asociadas, en lugar de reducirla a un único porcentaje.
Este contenido tiene carácter informativo y no sustituye el asesoramiento, diagnóstico o tratamiento de un profesional sanitario.



