Guía de viajes Marihuaneros (III): Dinamarca

Guía de viajes Marihuaneros (III): Dinamarca
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Cuando hablamos de marihuana y Dinamarca, la imagen que acude a la cabeza es Christiania. El barrio, o más bien, como ellos mismos se denominan, la Ciudad Libre de Christiania (the Christiania Freetown), situada en uno de los canales de la ciudad danesa, es el único punto de toda la geografía del país, en el que plantar, comercializar o consumir drogas blandas en sus calles es legal.

Dinamarca hasta finales de los años 90 tenía una política sobre las drogas blandas, entre se incluye al cannabis, mucho más abierta, pero, en última modificación del 2004, estas leyes se endurecieron, y, aunque el consumo no es delito, la posesión de la marihuana si lo es, y se puede castigar con una pena de hasta dos años de prisión, salvo si se encuentran grandes cantidades, que entonces la pena se endurece, y se pueden llegar a los diez años.

Sobre la marihuana medicinal en Dinamarca, se está viviendo un cambio de postura por parte del gobierno, ya que, a pesar de que los médicos todavía no tienen una gran posibilidad de recetar marihuana terapéutica, desde el 2011 empezaron a llegar fármacos derivados del cannabis.

La Ciudad Libre de Christiania

Pero, todo lo dicho anteriormente no tiene validez legal en Christiania. Ubicada en el centro de Copenhague, similar a un gran barrio, es en realidad una ciudad autónoma, de corte anarquista, similar a las comunas hippies que poblaron gran parte de ciudades de todo el mundo en la década de los 60 y 70.

Fundada de manera oficial en 1971, la recorre la calle Pusher, reconocida mundialmente por su mercado y puestos en los que está permitido el adquirir, de manera ilícita, todo tipo de productos realizados con cannabis y hachís. Aunque en los últimos años se está dando la problemática, de que las penalizaciones del gobierno haya derivado esta industria de los propios habitantes y dueños de las paradas del mercado, a un mercado negro, dirigido por bandas muy problemáticas -como muestra, los tiroteos del pasado año, en los que murieron tres personas-. Para evitar esto, se han propuesto varias mociones en las que se legalice la venta del cannabis, y así acabar con el mercado negro y el mundo de las mafias, y, aunque todas las anteriores han sido negadas, parece que cada día el consumo de marihuana en toda Dinamarca está más cerca.

Aunque el encanto de Dinamarca, y sobre todo de Christiania no reside en sentarse en un barecillo a fumar porros uno detrás de otro, o ponerse las botas tomando todo tipo de dulces con marihuana. Al contrario, el barrio es un hervidero de culturas, en el que se pueden visitar infinitas exposiciones de arte local, una arquitectura y decoración propia, además de espacios al aire libre y cubiertos para conciertos y representaciones. El barrio libre es lugar de culto para los propios daneses, ya que, si bien puede ser que no lo visiten para consumir o hacer una compra de marihuana, si lo hacen para disfrutar de sus múltiples bares, donde tanto la bebida como la comida es un 30% más barata que en cualquier otro punto de la capital danesa.

Barrio medioambiente naturaleza
Además, la Ciudad Libre no sólo recoge los encantos de una gran urbe, con cultura y gastronomía, por su posición privilegiada a la orilla de uno de los canales de la capital, acerca la naturaleza y ofrece espacios de total calma, creando un gran contraste con el centro del barrio. Conseguir esta diferencia es una de los objetivos principales de los habitantes de Christiania, que como buena comuna con principios hippies reconoce la importancia del medioambiente, y promociona las actividades para protegerlo.