En primer lugar, se debe poner únicamente el agua a hervir, añadir la marihuana.
1 vaso agua
Remover muy despacio durante 10 minutos. De esta manera, se consigue que suelte toda la suciedad y la clorofila, material que le aporta un sabor levemente amargo a la infusión. Así se asegura de que esté totalmente saneada, por lo que nuestra infusión mostrará un sabor único y cargado de matices.
1 vaso agua, 0,5-1 g cogollos de la genética preferida o de 2 a 3 g de hojas con bastante resina.
Una vez esté limpia, habrá que poner otro cazo, donde hacer la infusión definitiva. Como ya se ha comentado en otras recetas, el THC es hidrofóbico y lipófilo por lo que necesitará una sustancia grasa como la leche para unirse a la infusión.
1/2 vaso leche entera, 0,5-1 g cogollos de la genética preferida o de 2 a 3 g de hojas con bastante resina.
Habrá que controlar los vasos de agua que se añadan ya que se debe añadir entre 1/3 y 1/2 del total de agua en leche.
Cuando el contenido comience a hervir, habrá que bajar la potencia del fuego y ponerlo al mínimo, ya que en caso de que la temperatura sea muy elevada el THC podría llegar a degradarse, consiguiendo un efecto contrario al deseado.
Se añade la materia vegetal, ya sean en hojas o en cogollos, y se deja a fuego lento durante 10 minutos.
Cuando hayan pasado estos 10 minutos se debe filtrar la mezcla con la ayuda de un colador.
Dejarla reposar unos minutos antes de usarlo, pudiendo disfrutar bien de los agradables sabores que esta infusión deja en el paladar.
Por último, solo queda endulzar la infusión al gusto, con miel o azúcar, y ya estará lista para tomar.