El CBD en España: sin prisa, pero sin pausa

El CBD en España: sin prisa, pero sin pausa
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El CBD está de moda. En los últimos años, un gran número de estudios científicos han demostrado los efectos beneficiosos para salud que tiene el consumo controlado del CBD, uno de los cannabinoides encontrados en la planta Cannabis Sativa L. El CBD ha resultado ser una sustancia eficaz en tratamientos de numerosas patologías, entre ellas la artritis, el asma o la epilepsia. Estos avances científicos culminaron con el informe emitido en diciembre de 2017 por la Organización Mundial de la Salud (OMS), en el que se afirmó que el CBD ni es adictivo (a diferencia del THC, el componente psicoactivo de la planta de cannabis) ni produce efectos nocivos para la salud, al tiempo que se confirmaban las enormes posibilidades terapéuticas.
Además de sus propiedades farmacológicas, el CBD es un componente en boga en muchos otros sectores, entre los que se destacan el de los complementos alimenticios (aceites sublinguales), la alimentación en general (semillas, infusiones, chocolates, aceites), los cosméticos (cremas, pomadas, aceites) o líquidos para vaporizadores, también conocidos como e-líquidos.
Las enormes posibilidades y la versatilidad del CBD, sumado al clima de normalización y superación del estigma que durante décadas ha pesado sobre el cannabis, han servido para llamar la atención los inversores, acelerando así el crecimiento de un mercado floreciente y con márgenes de rentabilidad muy alta.
Cada vez son más los países que, conscientes del amplio horizonte económico del CBD, han aprobado normativas específicas para regular el mercado de CBD. Frente a los últimos avances de países de nuestro entorno como Italia, República Checa o Países Bajos, España se mantiene aún en el vagón de cola. El clima de tensión política del país, motivado especialmente por la crisis institucional en Cataluña, y la debilidad parlamentaria del gobierno del Partido Popular, hacen casi imposible que en la presente legislatura pueda prosperar una normativa reguladora del CBD.
Hasta que dicha legislación no vea la luz, el vacío jurídico en el que se encuentra el CBD en España supone un hándicap para la atracción de inversores. Por esta razón, a pesar de que algunas empresas españolas (el número es extremadamente reducido) han comenzado a comercializar con sus propios productos con base en CBD, el mercado aún está lejos explotar todo su potencial. Las trabas administrativas para cultivar cáñamo industrial y elaborar productos con el CBD extraído de la cosecha, ha propiciado que la creciente demanda se esté supliendo o bien con productos legalmente fabricados y comercializados en otros Estados miembros donde se encuentra regulado el CBD (la Sentencia del Tribunal de Justicia de la Unión Europea de 5 de marzo de 2009 en el asunto C-88/07 reforzó está vía, ya que, en virtud el principio de reconocimiento mutuo, impuso unas condiciones muy severas a la limitación de la libre circulación en el Mercado Común de productos legalmente fabricados y comercializados como complementos alimenticios o productos dietéticos en otros Estados miembros), o bien a través de la comercialización en Internet o canales cerrados de productos que carecen de autorización administrativa y que no están sometidos a los controles sanitarios mínimos exigibles, lo cual puede servir de caladero para casos de fraude y estafa.
A pesar de todos estos condicionantes, el mercado de CBD en España sigue creciendo. Una de las razones más importantes es el clima de península ibérica, que la convierten en un lugar privilegiado para el cultivo del cáñamo. Prueba de ello es el boom de los cultivos de cáñamo industrial que en los últimos años han proliferado por toda la geografía nacional. Si bien el cáñamo es una planta con una larga historia en España -cuentan los cronistas que las jarcias y el velamen de las carabelas de Cristóbal Colón estaban hechas con cáñamo-, el aumento de las plantaciones está indudablemente relacionado con las posibilidades económicas que promete el CBD, siendo su rentabilidad mucho más alta que el cultivo de cáñamo industrial para la obtención de fibra o semillas.
Sin prisa, pero sin pausa, el CBD ha llegado para quedarse en España. A falta de una normativa específica, la sagacidad, la tenacidad y el buen ojo de los empresarios serán fundamentales para conducir el CBD por medio de la selva burocrática hasta llevarlo al consumidor final, como ya lo han hecho empresas pioneras como myCBD, que presume de ser tener el primer producto CBD (un aceite sublingual) fabricado en España que cuenta con un certificado de inscripción en el Registro General Sanitario de Empresas Alimentarias y Alimentos, como complemento alimenticio. Esperemos que, dentro de poco, sólo sea el primero de una larga lista.

J.CANALES